La pisci (o la pipi)

Que el agua nos lleva a ese espacio atemporal y mítico en el que todo parece corresponder con nosotros es algo que todos sabemos; que une, reúne, señala las emociones, expresa el útero materno, nos devuelve a nuestra madre, nos hace madres, nos hace danzar con nuestros hijos, muchas personas lo han dicho. Pero nunca imaginé que disfrutaría tanto (disfrutaríamos) en la piscina con Abraham.

Poco antes de casarme y de quedarme embarazada iba a esa piscina a diario de 8 a 9 de la mañana. Hacía 15 o 20 largos, descansaba un rato en la sauna, me enchufaba a los chorros del spa y me iba a la facultad más fresca que una lechuga. Como nueva y feliz.

Pensé que tras un parto difícil y con el carácter expansivo que tiene Abraham, podría gustarle la piscina. Y el destino (ligado esta vez al precio) me llevó a la misma piscina de Móstoles en  la que pasé un par de meses o tres preciosos ratos. Iba haciendo dikr mientras nadaba.

Este Abraham de 13 meses está tocado por el don del entusiasmo. Todo en la piscina confluye para que él pase un buen rato: la música que anima el espacio, diez o doce niños de su edad, dos monitores encantadores, la atención algunos días de su padre, su tía Laura, sus abuelos o su tía Patri, las bolas, uvas de plástico, regaderas, colchoncillos, cubos, churros de espuma, manguitos, su mamá alentándolo y el agua. El AGUA…

Abraham va y viene, mueve sus piececillos, se lanza desde el borde al agua, emerge de lo hondo con sus ojillos dulces, baila al son de la música, comparte o pelea las piezas con los otros nenes, los llama, se esconde antes y después en las taquillas, se lanza aplaudiendo por el tobogán de goma, brinca sonriente sobre la lona de plástico, no sé cómo decirlo, se le ve feliz, feliz, feliz, y yo vivo la piscina casi como una experiencia mística, me contagio de su alegría, danzo con él, nos comprendemos, amamos ese estado, nos movemos como pez en el agua y siempre, cuando la hora se acaba, nos cuesta marcharnos de allí.

La piscina se ha vuelto para mí en escuela de maternidad, y para él en escuela de vida. Vida acuática, mágica, dulce, flotante, amorosa. Como en océanos…

Cuando le digo cada miércoles que nos vamos a la pisci, Abraham va a por sus zapatillas rápido y vuelve con ellas diciendo: pipi, pipi.

Y no sé quién está más feliz de los dos.

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2 respuestas a La pisci (o la pipi)

  1. Susana dijo:

    Me ha encantado tu manera de describirlo, de expresar lo que sientes cuando viajas con él por el agua. Es una experiencia única, muy especial. Un beso

  2. PEPE Y ROSA dijo:

    LLevas razón hija, que maravilloso es ver como aprende, como se implica en todo,lo que disfruta
    en una palabra ¡ qué feliz es! y que feliz nos hace.
    Seguiré yendo a verle siempre que pueda, “” como te queremos ratón””
    Besitos

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