Nuestra aventura chipriota II

“Decíamos ayer” (le tomo la palabra a Fray Luis de León, porque no he podido seguir con el relato hasta varios días después de empezarlo) que la vida había cobrado sentido y se había hecho grande en el Camino de Santiago. Ya en la capital gallega y dentro de la catedral que guarda los restos del apóstol, me sentaba a meditar cada día (me quedé por allí vagando un tiempo) descalza, arrecostada junto a algún pilar, escuchando misa a veces y dejándome estar otras. Yo ya no quería hacer nada más que eso, me decía entonces: caminar. Caminar o quedarme allí. El corazón acariciado por una hoguera de fuego que se instaló dentro, de repente, una noche en un albergue de peregrinos. Qué sensación la de no querer hacer nada más que lo que estás haciendo. Apertura y presente, cada instante, un regalo que se me dio a cambio del esfuerzo físico y que decidí días después compartir en forma de libro. Escribiré un libro para que nadie se pierda la posibilidad de acunar a su propio corazón caminando hacia Santiago.

6 años después y el libro sigue esperando. Ayer me preguntó por él Isaac, un compañero de aquel camino. Tengo 90 páginas guardadas en una carpeta, pero nunca me he atrevido a seguir. Perdí la confianza en mi relato. Lástima.

Después del Camino anduve un poco perdida. Será porque ya no había flecha amarilla. Hoy creo que despegué demasiado los pies del suelo y tuve que enfrentarme a una prueba que me hizo bajar casi al centro de la tierra, allí donde el calor es casi insoportable. Aprendí, no obstante, agradezco todo lo vivido, y sin casi darme cuenta me vi un día llamando a la puerta de la casa del maestro sufí Mawlana Sheij Nazim. Llegué llena de resistencias y con el corazón roto o un poco seco, echaba de menos el imaginario cristiano del que siempre me había nutrido y poco cuadraba lo que veía con mis deseos o proyecciones.

Hasta que Mawlana me miró. Lefke, Chipre, la habitación de una casa humilde que rodea un jardín lleno de flores. Mawlana te mira y de repente te topas con alguien que ama más tu bien de lo que lo amas tú. Es la primera vez y sin embargo sus ojos repiten que lleva demasiado tiempo esperándote. Te sientes a su lado completamente indigente y él te cuida, te da de comer, acaricia tu corazón y además, cuando te vas, te da las gracias por haber venido y te pide por favor (¡como si el indigente fuera él!) que reces por él y que vuelvas pronto. Su amor no es de este mundo.

Aquella primera vez que lo vi me dijo que me casara. Creo que fue en noviembre de 2007. Dos años después, el 5 de enero de 2010, Shihabuddín y yo nos casamos mágicamente en Chipre después de sólo una semana en la que una especie de ola nos tomó como sus surfistas y nos llevó sin esfuerzo alguno a unirnos desde los cielos y con una fuerza que venía desde más allá de nosotros dos. Samia, la mujer que lleva la Casa de Invitados en Lefke, me miró después de conocer a Shihabuddín y sólo me dijo: “Haqq (verdad en árabe). I like him”. Haqq, cómo suena esa palabra. Y así fue. Haqq. Haqq. Haqq.

La misma noche de la boda un señor se acercó a donde estaba Shihabuddín y le dijo (era el 5 de enero): “en diez meses nacerán vuestros gemelos”. Nos aconsejó preguntar a Mawlana por sus nombres, pero tomamos sus palabras por anécdota. Aún no hemos comprendido nada.

Muhsin y Mumtás (o Amina y Fátima, que los médicos a veces se equivocan en el sexo) siguen dentro de la tripa y yo estoy tranquila, con mucha energía y sin ningún dolor. El otoño, mi estación preferida, acaba de comenzar. Cae lentamente la tarde.

Un abrazo de corazón.

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4 respuestas a Nuestra aventura chipriota II

  1. lola dijo:

    Se que los próximo meses tendrás mucho trabajo con los peques, pero sigue con tu libro del Camino de Santiago, nunca lo hice pero me hubiera gustado hacerlo y ya que no puedo ojala pueda leerlo. No lo dejes olvidado en esa carpeta saca tiempo porque siempre se te dió bien escribir- Besitos

  2. maralmadia dijo:

    Hay muchas maneras de caminar hacia Santiago, Lola. También te puedes venir a Chipre la próxima vez que vayamos… ¡sí!, ¡esa idea me gusta! Intentaré no olvidarme de aquel proyecto, aunque con este blog siento que queda cubierto ese anhelo profundo de comunicar mis experiencias profundas, sobre todo a los seres queridos.
    Un abrazo muy muy fuerte.

  3. pepe y rosa dijo:

    No nos gusta echar cuentas a tan largo plazo, pero el año que viene sería un buén momento de hacer unos kilómetros, y comprobar todo lo que nos has hecho sentir desde que empezaste dicha aventura, ya veremos.
    Seguimos esperando, impacientes e ilusionados al mismo tiempo, tened buén día los dos, bueno mejor dicho , los cuatro.
    Besos

  4. Donato y Fali dijo:

    Que bonito tiene que ser El Camino de Santiago, y mucho más como tu lo cuentas, pena no poder hacerlo, Estamos en espera, que espera tan dulce, Dios os bendiga , y que estos niños llenen de alegrías vuestro “Camino”

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