Nuevo embarazo, segundo embarazo, embarazo único

Es el segundo embarazo que vivo, el bebé que llevo dentro viene cuando un bebé se hace niño pequeñito ya en la casa. En el primer embarazo tenía tiempo para darme reiki, escuchar canto gregoriano o música clásica, embellecer mi estado imaginando aguas cristalinas y cascadas y esa emanación divina de la que hablaban los neoplatónicos. Tenía, tuve, más tiempo para pensar. Todo era nuevo. Pero ahora todo es también nuevo.

Cada embarazo es único, cada almita que viene al mundo es única; cuando, si Dios quiere, Omar o Cámar llegue, será bienvenido, lo serás, como Abraham, pero a la vez de modo totalmente diferente, porque eres el segundo y también eres el primero, nacemos en una posición y crecemos en un lugar dentro de la familia pero a la vez somos seres únicos. Cada uno viene con un destino precioso para embellecer el mundo. Cada uno trae un eco, un tono, un don, una misión que sólo puede realizar él.

Estoy feliz estos días y además hemos estado en Chipre. Cuando Omar o Cámar llegue, si Dios quiere, le contaré, te contaré, que tuviste  la suerte de estar cerca de Mawlana cuando aún habitabas en mi barriga. Tengo deberes por hacer que son sólo para ti: escuchar la Yasin,  escuchar la Tareq, preparar mi cuerpo y mi alma para tu llegada.

Nunca imaginé que es posible que la vida se vuelva cada día más grande. Los límites, las barreras, nos las ponemos en la mente nosotros mismos. Ojalá sepa amaros igual a Abraham y a ti y a la vez tan diferentes. Ojalá aprenda a miraros, a escucharos de verdad, a dejaros ser. Ojalá aprenda a ser, también yo a ser, a mentirme y por lo tanto mentiros lo menos posible.

El embarazo es un estado bendito, de reconciliación con Dios y a la vez de profunda hermandad con toda la creación. Es primavera adentro y es primavera afuera. Alhandulillah.

 

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Vuelvo y me adentro en un bosque de bambú

Vuelvo a escribir. He pasado los primeros dos o 3 meses de embarazo (sí, estoy otra vez embarazada) agotada y sin capacidad alguna para cualquier operación intelectual. Ahora ya no necesito tanta siesta y he recobrado fuerzas.

El embarazo es un estado bendito. Todo es florecimiento. Además, abril. Abraham me recuerda por las mañanas que tengo un bebito dentro y pone su cabeza en la tripa y lo llama: bebé, bebé. Qué lindo es.

Desde los primeros días no paro de tener sueños profundos, bellísimos, como si los pescaran los ángeles y los colaran en mi inconsciente. Ayer soñé que notaba por primera vez las pataditas del nuevo bebé. Hoy un bosque mágico, de China, Japón o algún lugar perdido en Extremo Oriente. Estábamos alojados en una casa inmensa un montón de personas (entre ellas, Shihabuddín, Nacho, Patri, algún señor mayor muy sabio) y teníamos que recorrer los ocho o nueve kilómetros que nos separaban de una derga, o un templo, un lugar de peregrinación para gentes espirituales, donde se iba a celebrar una gran fiesta religiosa.

Salía con Shihabuddín, Nacho, y algunas otras personas. La distancia que separaba la casa de acogida del templo estaba atravesada por uno de los bosques más bellos que recuerdo. La imaginación es el arte de combinar los recuerdos, dice Arrabal. Es decir, mi inconsciente había elaborado (¿o tejían mis sueños los ángeles?) un lugar de ensueño, una especie de jungla de bambú emanada de la pureza de lo natural y a la vez convertida en honda armonía. Íbamos hablando por el camino y algunas cosas se me pasaban de largo, pero recordaba entonces que Patri se había quedado en la casa y que me había dejado el bolso con los pañales, la ropita para Abraham (¿y dónde estaba Abraham?), y otras tantas cosas.

Me disculpaba de mis acompañantes y decidía regresar un momento a la casa de acogida. El camino de regreso era otro. El mismo bosque era convertido por la soledad en un lugar de belleza inaudita. Laberintos trazados por las flores, sedas de colores meciéndose al viento, mujeres orientales danzando, colores nunca vistos por mí antes, olores nuevos.

Patri se había hecho daño en una pierna pero quería venir a la celebración, así que Pedro (un amigo de mi padre al que le encanta el Camino de Santiago) se prestaba a acompañarnos y a llevarla en brazos si era necesario.

Nos reencontrábamos con Shihabuddín y Nacho. Nos sentábamos a comer en una mesa de madera. Alrededor todo era vida que emanaba. El tiempo se condensaba en el abrirse de una flor. Un anciano se sentaba junto a nosotros. Conozco el secreto de la belleza, nos decía. El reconocimiento de la armonía es también el del misterio. La perfección de la creación nos sobrepasa. Nuestra conciencia es una hormiga que quiere conquistar el universo. No comprendemos, pero nuestra brújula ha de ser la apertura.

Es difícil traducir en palabras la contemplación de la belleza a la que asistíamos. Justo entonces Abraham se ha despertado. Mami, mami. Ha dicho. Y luego: Pata (Marta), Pata (Marta).

Siempre amanece sonriendo.

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Mira dentro. Miro dentro. Ni siquiera está dentro. No sólo dentro. Cuál es ese momento en el que el amor se me reveló igual a mí. Cómo se va encendiendo el corazón, cual si girara. Una espiral que rueda en sentido inverso a las agujas del reloj lo abre acariciándolo, lentamente. Dulcemente. Recuerdo mi apego al Romanticismo; pero es más que eso. Más que morirse por desamor o abrazar el abismo para ligarse al sufrimiento. Es más que eso. También yo creí un día que sentir era apegarse al dolor. Pero no. Sentir, de verdad sentir, es comprehender la dicha, acceder al espacio de la gratitud, desapegarse de las cuerdas que nos atan a nuestros seres inferiores para entrar, en una barca de oro, al reino del entusiasmo. Ese lugar donde las lágrimas que se vierten son al fin reales. Ese lugar donde cada ser tiene su sitio, cada anhelo su satisfacción, cada suceso su sentido.

 

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Fue regalo de Reyes

Hay momentos que deciden todo el destino. Uno se sube a ellos como un surfista en una hola. Sólo el corazón puede guiar la tabla. La cabeza paraliza el mar y lo deja quieto, helado. Muerto.

Me subí a la cresta de la ola en el mes más determinante de mi vida. Fue justo después de ver Avatar. El corazón se sentía correspondido con cada suceso, se inflaba de vida dejando que todo pasara a su través. Estaba nerviosa porque nada sabía pero en realidad ya sabía.

No sé si fue un ángel, un ayudador invisible, Mawlana Sheij Nazim o todo ello puesto al servicio de Dios quien abrió mi fe de repente y me puso en el acantilado, para yo saltar confiada sabiendo que el aire me mecería porque después de arriesgarlo todo siempre te salen alas.

Una noche hablamos casi sin enterarnos cuatro horas por teléfono. La flor se estaba abriendo y tú lo supiste ver. A la espera, como un caballero, con decisión y a la vez sin más insistencia de la debida. Justo en tu centro. Con honor.

Yo pregunté a mis sueños y la respuesta fue sí. Me fui a dormir con un montón de dudas paralizantes y desperté con la alegría de lo que nace, del paso que une y te hace estar de repente más profundamente enraizado en el ser. Una esperanza como una estrella brillante con la luz de lo eterno en el corazón. Dulzor y belleza. Viajé a Ávila con mi padre y el camino tantas veces recorrido esta vez era distinto. Más vivo porque yo estaba más viva, los árboles sabios danzaban festejando nuestro amor.

Aún no podía creerlo, pero no importaba. Nunca antes sentí con tanta claridad una certeza. Haqq, me dijo Samia en Chipre días después. La Verdad, efectivamente, se estaba manifestando en pocos días.

Marché a Chipre con un montón de hermanas queridas. Viajamos el día en que 2010 empezaba. Recuerdo cada momento, los diálogos en el avión, Nabila nombrándote, Bahía dirigiéndome a ti, Qamar interpretándome un sueño: Mawlana me decía que sí, que podía comerme toda la sopa.

Cuando llegamos a la casa de las mujeres en Lefke mi cuerpo tiritaba. ¿De qué? De pura contemplación de la belleza, de éxtasis de amor, me sentía una princesa llegando a su hogar interior. La Guesthouse brillaba, los sillones se balanceaban como cunas, la realidad vuelta ola que me mecía. Todo era ternura y todo me correspondía.

No podía dormir. Tampoco trabajar. Tenía mucho calor o mucho frío. Buscaba a Samia con la mirada, su calor maternal. Su palabra.

Me llamaste de repente y al salir a hablar contigo (yo en Chipre, tú en España) me encontré directamente con tu rostro. Como un caballero, habías venido por sorpresa a pedirme matrimonio. La respuesta era sí, es sí. Sí. Sí. Sí. Y tan clara la determinación del Cielo que al ir a pedir permiso bajaba Sheij Hisham preguntando qué parejas querían casarse. Era 5 de enero. Día de los Reyes Magos. De Oriente. En casa del Rey Mago.

Aún no sabía lo que significaba el matrimonio. Ahora sólo a veces intuyo alguna cosa. Un significado: Abraham nació justo nueve meses tras la boda, y dijimos adiós a Mumtás. Otro: somos para el otro el espejo en el que nos miramos para embellecernos. O: el barco a Júpiter se mueve más rápido si remamos dos; el árbol se enraíza, las ramas suben al cielo; el sexo se vuelve sagrado.

Lección de realidad y aprendizaje del amor.

Por todo ello y por lo que aún no entiendo, por acompañarme cada día en mi viaje a las profundidades, quiero darte las gracias.

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A propósito de “El señor de los anillos”

Hoy tengo la necesidad de sacar algo de dentro. Si es luz o basura, no lo tengo muy claro. El bien y el mal se mezclan todo el rato en mi interior.

He vuelto a ver El señor de los anillos después de unos cuantos años (en versión extendida, cuando Abraham se iba a la cama, una horita cada día, nos ha llevado un par de semanas) y me ha sorprendido aún más que la primera vez. He entrado quizá mejor en sus matices. La profundidad de cada personaje me abisma (tan reales), la idea que sostiene la obra es una antropología hondísima del ser humano.

El caso es que veía a Frodo con el anillo colgado al cuello y lo sentía en mi cuello tirando también de mí. Cada segundo de mi existencia. El deseo de poder es lo que metamorfosea de modo más claro nuestro Dios interior en demonio. Del corazón al ego, un puente. Nos pasamos la vida recorriéndolo, de un lado al otro para mal de nosotros y mal del mundo y del otro al uno para reencontrar el hogar, atisbar el amor, comprender la verdad. Voluntad de separación o anhelo de unidad. De eso se trata.

Y entonces el destino me pone delante de un sueño que me hace tomar conciencia de algo importante. Los personajes luminosos de El señor de los anillos son dignos porque saben cuál es su lugar, y lo ocupan. Los hobbits se ven sorprendidos por tener asignado un papel mucho más decisivo del que esperaban. Sólo Frodo puede llevar el anillo, eso lo saben todos; Sam es elevado por su lealtad y su amor; y Pippin y Meriadoc desarrollan al máximo sus dones y alcanzan como pocos el honor, participando incluso en la batalla. Conocen y reconocen sus límites y es eso lo que les hace héroes. Eso lo que encandila a mi corazón enfrentándose a su historia.

La necesidad de destruir el anillo NO implica que Aragorn tenga que volverse anarquista. Muy al contrario: el poder debe ser para el que haya vencido al anhelo de poder. Para el que ame más, en definitiva. Para el que esté más en contacto con su corazón. Para quien no se aferre al anillo.

Gracias a Dios he encontrado un maestro cuyo poder emana de esa grandeza. Y gracias a Dios voy comprendiendo en qué medida estoy lejos de ocupar mi lugar y cómo trabajar para acercarme a él. Siento que muchas veces cedo para evitar conflictos. Siento que cuando eso ocurre yo también me vuelvo esclava del anillo. Es apasionante la lucha diaria por no aferrarse a él. Y muchos días, casi todos los días, mi corazón pierde la partida. Pido perdón a Dios por todo ello. Y le doy las gracias por utilizar mis errores para enseñarme. Amor en estado puro.

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La pisci (o la pipi)

Que el agua nos lleva a ese espacio atemporal y mítico en el que todo parece corresponder con nosotros es algo que todos sabemos; que une, reúne, señala las emociones, expresa el útero materno, nos devuelve a nuestra madre, nos hace madres, nos hace danzar con nuestros hijos, muchas personas lo han dicho. Pero nunca imaginé que disfrutaría tanto (disfrutaríamos) en la piscina con Abraham.

Poco antes de casarme y de quedarme embarazada iba a esa piscina a diario de 8 a 9 de la mañana. Hacía 15 o 20 largos, descansaba un rato en la sauna, me enchufaba a los chorros del spa y me iba a la facultad más fresca que una lechuga. Como nueva y feliz.

Pensé que tras un parto difícil y con el carácter expansivo que tiene Abraham, podría gustarle la piscina. Y el destino (ligado esta vez al precio) me llevó a la misma piscina de Móstoles en  la que pasé un par de meses o tres preciosos ratos. Iba haciendo dikr mientras nadaba.

Este Abraham de 13 meses está tocado por el don del entusiasmo. Todo en la piscina confluye para que él pase un buen rato: la música que anima el espacio, diez o doce niños de su edad, dos monitores encantadores, la atención algunos días de su padre, su tía Laura, sus abuelos o su tía Patri, las bolas, uvas de plástico, regaderas, colchoncillos, cubos, churros de espuma, manguitos, su mamá alentándolo y el agua. El AGUA…

Abraham va y viene, mueve sus piececillos, se lanza desde el borde al agua, emerge de lo hondo con sus ojillos dulces, baila al son de la música, comparte o pelea las piezas con los otros nenes, los llama, se esconde antes y después en las taquillas, se lanza aplaudiendo por el tobogán de goma, brinca sonriente sobre la lona de plástico, no sé cómo decirlo, se le ve feliz, feliz, feliz, y yo vivo la piscina casi como una experiencia mística, me contagio de su alegría, danzo con él, nos comprendemos, amamos ese estado, nos movemos como pez en el agua y siempre, cuando la hora se acaba, nos cuesta marcharnos de allí.

La piscina se ha vuelto para mí en escuela de maternidad, y para él en escuela de vida. Vida acuática, mágica, dulce, flotante, amorosa. Como en océanos…

Cuando le digo cada miércoles que nos vamos a la pisci, Abraham va a por sus zapatillas rápido y vuelve con ellas diciendo: pipi, pipi.

Y no sé quién está más feliz de los dos.

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El misterio que cierra la tarde

Se ha pegado un golpe contra el suelo y lo he puesto en la teta para calmarlo y se ha quedado dormido. Aún sollozaba. Lo me metido despacito en la cuna. Tenemos visita, dos hermanas que han venido esta mañana en avión. Mañana viajamos a Toledo a un taller con Sheij Ahmed Dede y la tarde, ya de otoño, pone unos colores preciosos como alfombra sagrada sobre cada ser. Un aire limpio y dulce penetra en mis pulmones. Siento amor. Mucho amor. Doy las gracias.

Espacio de soledad y quietud. Gracias, Patri. Soledad y quietud. Y el corazón contento.

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