Es el segundo embarazo que vivo, el bebé que llevo dentro viene cuando un bebé se hace niño pequeñito ya en la casa. En el primer embarazo tenía tiempo para darme reiki, escuchar canto gregoriano o música clásica, embellecer mi estado imaginando aguas cristalinas y cascadas y esa emanación divina de la que hablaban los neoplatónicos. Tenía, tuve, más tiempo para pensar. Todo era nuevo. Pero ahora todo es también nuevo.
Cada embarazo es único, cada almita que viene al mundo es única; cuando, si Dios quiere, Omar o Cámar llegue, será bienvenido, lo serás, como Abraham, pero a la vez de modo totalmente diferente, porque eres el segundo y también eres el primero, nacemos en una posición y crecemos en un lugar dentro de la familia pero a la vez somos seres únicos. Cada uno viene con un destino precioso para embellecer el mundo. Cada uno trae un eco, un tono, un don, una misión que sólo puede realizar él.
Estoy feliz estos días y además hemos estado en Chipre. Cuando Omar o Cámar llegue, si Dios quiere, le contaré, te contaré, que tuviste la suerte de estar cerca de Mawlana cuando aún habitabas en mi barriga. Tengo deberes por hacer que son sólo para ti: escuchar la Yasin, escuchar la Tareq, preparar mi cuerpo y mi alma para tu llegada.
Nunca imaginé que es posible que la vida se vuelva cada día más grande. Los límites, las barreras, nos las ponemos en la mente nosotros mismos. Ojalá sepa amaros igual a Abraham y a ti y a la vez tan diferentes. Ojalá aprenda a miraros, a escucharos de verdad, a dejaros ser. Ojalá aprenda a ser, también yo a ser, a mentirme y por lo tanto mentiros lo menos posible.
El embarazo es un estado bendito, de reconciliación con Dios y a la vez de profunda hermandad con toda la creación. Es primavera adentro y es primavera afuera. Alhandulillah.


